domingo, octubre 24, 2010

SERRANA

Desde el Uruguay, un alma que merece ser escuchada


El alfarero.

Cuando tenia la greda entre sus manos y la iba moldeando se sentía completamente feliz.
No necesitaba más que sus herramientas y sus sueños ¿Qué más podría desear que sus sueños? Y mientras daba forma a cada pieza, al mismo tiempo iba moldeando el mundo de sus sueños. Un mundo sin dinero, un mundo donde el ser humano fuera principio, meta y centro.
Al finalizar la jornada escribía sobre el avance diario de sus fantasías, como se lograría, que debiera cambiarse, que oposiciones encontraría. Un día publicaría un libro.
Tal vez fuera cierto, creía que si, lo imposible empieza por un sueño. Así que no solo existía el derecho a soñar sino la obligación de hacerlo.
Cuando dormía sus ilusiones tomaban cuerpo y podía experimentar sus sueños hechos realidad, el mundo perfecto.
Un mundo mejor. El seria participe de la generación del sueño.


Desilusión.

La lluvia desteñía los colores
de la calle de la espera,
pero ahí me quedé
sin resguardo ni abrigo,
con la mirada inmóvil
en la esquina que te revelaría.

Y esperé, esperé tanto tiempo
y me convertí en estatua de sal
con un corazón de carne latiendo
y fui parte del paisaje
de la estación enamorada,
con la ilusión sosteniéndome
en sus hilos.

Creí que mi presencia allí
te llamaría,
que vendrías en cuanto
comprendieras cuánto te amo.

Nunca viniste.
Me costó entenderlo.
Me costó recuperar
colores y movimiento.
Me costó la herida
que todavía duele.

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